Translate

sábado, 24 de agosto de 2013

El cu y el chom

Cuando el dios Tonatiuh regía los destinos del universo poseían los pájaros la facultad de hablar como los humanos.
Era el más feo, de entre todos los pájaros, y el más insignificante también, el pájaro Cu. Cuando en las noches de luna llena las aves, bajo la presidencia del águila, se reunían en consejo, a todos aburría con sus lamentos. No se resignaba a lucir plumaje tan vulgar como lo era el suyo; mas un día, el águila, cansada de tantas quejas, quiso buscarle un remedio y preguntó a la lechuza (al teocolote), que tenía reputación de sabia, si se le ocurría algo para embellecer al pájaro Cu. Meditó largamente la lechuza, y al cabo propuso, solemnemente, que cada uno de los pájaros regalase al Cu una de sus bellas plumas. Pero como éstos no se mostraran dispuestos a desprenderse ni de una sola, la lechuza creyó oportuno que, a cambio, el pájaro Cu se convirtiera en mensajero de las aves, a fin de pagar así los sacrificios que hacían por él. Se hizo. Las plumas de los más bellos colores fueron a parar al pájaro Cu, que se contemplaba embelesado.
El pájaro Cu, desde ese momento en el que recíbiera las plumas de los demás, fue el más hermoso de todos. Pronto, sin embargo, olvidó su compromiso; pasaba, pues, las horas contemplándose en la superficie de las aguas y se escabullía cada vez que alguna de las aves precisaba de sus servicios.
Llegó un día en que el águila quiso reunirse en consejo con las demás aves, y encomendó al mensajero la tarea de dar el aviso pertinente. El pájaro Cu no se preocupó de cumplir el encargo, y siguió contemplando la belleza de su deslumbrante plumaje. Cuando llegó la hora de dar inicio al consejo, el águila se encontró en solitario. Atribuyendo la culpa a los convocados, acudió en su busca y a picotazos los fue llevando, uno a uno, al lugar señalado para la reunión. Una vez allí todos manifestaron sus quejas. Ninguna de las aves había recibido orden ni mensaje alguno. Se oyeron insultos, protestas... Las voces subieron de tono; tanto, que el mismísimo dios Tonatiuh pudo oírlas desde el cielo y ordenó que callaran. Pero estaban tan enfurecidas las aves, que siguieron gritando y culpando de todo a la lechuza y al pájaro Cu.
El dios Tonatiuh, entonces, extendió su mano y condenó a los pájaros a la pérdida de su facultad de expresarse como los humanos. Sus voces, desde entonces, no son más que graznidos; pero su cólera contra los culpables de esta desdicha persistió.
El tocolote, aún hoy día, no puede salir cuando el sol alumbra, porque se expone a ser picoteado; el pájaro Cu, que tampoco puede salir más que durante la noche, tiene que esconderse de la lechuza, que a su vez le busca para consumar en él su venganza.
Su plumaje sigue siendo el más bello y el de mayor brillo; pero de muy poco le sirve, ya que nadie, merced a la oscuridad, puede contemplarlo. Sólo él se lo alaba, tristemente, mirándose como antaño lo hiciera en la superficie de las aguas.
El castigo más famoso, sin embargo, de entre los recibidos por las aves, fue el que sufriera el Chom, ave que en el presente, y desde entonces, sólo se alimenta de inmundicias. Tiene la cabeza pelada, oscuro y áspero el plumaje, y puede dejar calvo a un hombre, o a una mujer, sólo con dejar caer sus excrementos en sus cabellos cuando vuela. Los mismos árboles, a los que escoge para cobijarse, se marchitan y mueren pronto. Todo ello se debe a un castigo que en tiempos le impusieran los dioses por su glotonería.
Hace muchos años, en el palacio real de Uxmal, se celebraba una fiesta en honor del dios que da la vida. El rey quería que todo se hiciese con la mayor magnificencia; invitó, por ello, a los más poderosos príncipes a un espléndido banquete en la terraza de su palacio, y encargó los más exquisitos manjares.
Cuando los servidores estaban ocupados en los preparativos, un Chom, que volaba por encima del palacio real, divisó los platos. Se despertó su gula al instante, pero no atreviéndose a comérselos él solo, fue a dar aviso a varios de sus congéneres. Se dice que, desde entonces, el Chom jamás vuela solo, por si vuelve a presentársele ocasión como aquella. Acecharon desde el aire, buscando el momento más propicio; y cuando los servidores se marchaban en busca de nuevos manjares, se abalanzaron sobre los que ya estaban dispuestos, devorándolos ansiosamente.
El rey y sus servidores sorprendieron a los pájaros en medio del festín; mas, aunque los arqueros reales quisieron abatirlos con sus flechas, consiguieron huir no dejando sino unas pocas plumas en aquél lugar.
El rey, preso de un ataque de ira, exigía venganza y mandó a los sacerdotes que consultasen con los dio-, ses acerca de la manera de castigar duramente a los sacrílegos. Al cabo de tres días, obtuvieron los sacerdotes la respuesta a lo pedido. Quemaron entonces las plumas que las aves habían perdido y mezclaron su ceniza con aguas estancadas, obteniendo así un líquido negruzco y de olor repugnante. Cuando las aves pasaron de nuevo, fueron salpicadas por los sacerdotes con aquel líquido, el cual, al darles de lleno, volvió su plumaje áspero y negro. Las aves, asustadas, remontaron su vuelo con tanto azoramiento que se aproximaron al sol, cuyos rayos quemaron las plumas de sus cabezas. Desde entonces son calvas. Y, como castigo a su gula, fueron condenadas por los dioses a alimentarse de inmundicias y de carroña.
Son tan sucias, desde aquel día, que dejan pelados los árboles en donde se posan, y calvas, como las suyas, las cabezas humanas que ensucian con sus excrementos.

0.063.3 anonimo (mexico) - 023

No hay comentarios:

Publicar un comentario