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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Los tres besos

En una aldea vivía una bella joven llamada Lucía que estaba enamorada de Miguel. Su padre, que era rico, se enfadó al saber de su amor y la amenazó con castigarla si no rompía las relaciones con aquel desdichado.
Sin embargo Lucía desafió a su padre.
Este, furioso, acudió a una bruja que se ofreció a encerrar a la joven en una cueva y, con el tiempo, devolverla a casa suave y obediente.
Pero en vez de hacer esto, lo que hizo fue un encantamiento: la joven sólo se casaría con quien le diera tres besos; uno en el pulgar, otro en el tobillo y el tercero en el espaldar.
El pobre Miguel, que también conocía a una buena mujer que sabía de hechizos, fue a preguntarle y así se enteró de que su amada estaba en la cueva y de lo de los tres besos que tenía que darle para liberarla del poder de la bruja y a la vez convertirse en su prometido.
Miguel iba de camino a la cueva cuando, brillando en la oscuridad de la noche, encontró un tesoro. Como era tan pobre, pensó que se merecía aquella fortuna, así que volvió al pueblo a por un saco y regresó ante el tesoro una y otra vez, porque parecía no tener fin. En su cabaña fue guardando los sacos llenos en una gran arca y, con tanto trajín, se olvidó de Lucía, de la cueva y de los besos que iba a darle.
«Ahora tendré todos los lujos que quiera», se dijo. Con tal idea entró en tratos con comerciantes y terratenientes pero, al abrir el arca, comprobó que allí sólo había cenizas.
Mientras, la buena hechicera, compadecida de Lucía, se trans-formó en un joven apuesto y se presentó en la cueva donde estaba cautiva. Dio los tres besos a la muchacha y se la llevó a una gran mansión en un pueblo lejano, donde fingieron ser madre e hija.
Allí la joven se enamoró de un caballero muy educado que la hizo su esposa y dicen que fue tan feliz que nunca más recordó al ambicioso y egoísta Miguel.

999. anonimo leyenda

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