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viernes, 7 de septiembre de 2012

Casa para un pastor

En 1972, la piqueta demoledora acabó de destruir la muy famosa casa del Pastor qué dio cobijo al primer ayun­tamiento de la Villa.
Casón, por sus dimensiones y trazas, situado a la entrada de la calle de Segovia con vuelta a la cuesta de los Cañós Viejos, también denominada de los «cojos», preci­samente por ser éstos los llamados a no transitarla jamás. En la cara de poniente presentaba el más antiguo escudo pétreo de Madrid con todos sus postizos legendarios. Fue construida esta casa a finales del siglo XVII. Por las exca­vaciones realizadas, cabe suponer que sobre esta cimenta­ción se irguió, siglos ha, una pequeña almudena de donde partían cinco caminos sub-terráneos que terminaban en otros tantos lugares del Magerit de entonces.
Pocos años después de la construcción del casón, era ya su propietario un arcediano llamado don José -don José a palo seco-, dedicado al servicio de Dios y del prójimo menesteroso. Al cabo de algún tiempo cayó víctima de su última enfermedad. Llamó al escribano para hacer testa­mento. Como terminara su exposición sin mencionar para nada aquella casa, se le preguntó a quién la otorgaba.
-A quien Dios, dispusiere -repuso.
-No sirve tan incierta donación sino que hay que hacerla de forma expresa.
-Deme, señor escribano, papel y pluma.
Se le dio lo que solicitaba y escribió unos renglones, doblando después el pliego, y lo entregó al letrado con el ruego de que lo metiera en un sobre y que fuese cerrado y lacrado, disponiendo que no fuese abierto hasta después de su muerte.
Pocas fechas más tarde se produjo el óbito y, luego, fueron rotos los lacres ante testigos. El escribano leyó esto:

Es mi firme voluntad que herede la casa, la primera persona que en el amanecer siguiente a mi muerte, entre en la Villa por la Puerta de la Vega.

Para cumplir tan peregrina disposición, una hora antes del alba, se apostaron el escribano y varios testigos en el pasadizo interior de la famosa Puerta. Cuando el sol comenzó a dorar los tejados de la Villa, un pastor, ya maduro, con garrote y perro, fue el primero que traspasó la Puerta de la Vega, y, horas después, se hacía cargo del inmueble, no sin lamentar que se le hubiesen escapado las cabras mientras se realizaban las correspondientes forma­lidades legales.
Hay una añadidura a este suceso que le confiere carác­ter pro-videncial: años antes, este mismo pastor había dado cobijo, en su chozo carpetano, al señor arcediano, huido de la Villa por acusacio-nes relacionadas con la Inquisición que luego resultaron infundadas.

127. anonimo (madrid)

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