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viernes, 24 de agosto de 2012

Las antiguas parejas

Cada uno de los hombres eligió a su mujer, con excepción de Chiiquí, que quedó sin pareja. Este motivo lo llevó a escarbar la tierra con tanto ahínco que llegó a lastimar el ojo de una de ellas, enterradas por la caída. Lleno de alegría, la tomó ‑aunque herida‑ por esposa.
Advirtió a los hombres que no durmieran con sus mujeres, a riesgo de que se repitieran los infortunios del zorro sagaz, hasta que no encontrase la manera de resolver el problema.
Al siguiente día, Chiiquí voló hacia el cielo y allí arriba chifló. Enseguida se acercó una mosca muy grande:
‑¿Cuáles son los motivos de tu visita? ‑le preguntó.
El carancho le expresó el deseo de que un viento fuerte y frío con lluvia se instalara en su poblado, y la mosca respondió rápidamente ante la solicitud.
Las mujeres, aunque robustas, temblaron por el temporal. Chiiquí aprovechó el desconcierto para robarles el fuego y así dominarlas. Preparó una fogata y, estas, heladas por el frío, rodearon las llamas y comenzaron a asar pescados y a alimentarse a través de la boca y por la vagina.

056. anonimo (toba)

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